“He
pasado muchas noches de mi vida sin dormir, antes
contaba corderos, ahora cuento cisnes de cuello
negro o delfines de panza blanca. Paso horas en la
oscuridad, una, dos, tres de la madrugada,
escuchando la respiración de la casa, el susurro de
los fantasmas, los arañazos de monstruos debajo
de mi cama, temiendo por mi vida. Me atacan los
enemigos de siempre, dolores, pérdidas,
vejaciones, culpa. Encender la luz equivale a darme
por vencida, ya no dormiré en el resto de la noche,
porque con luz la casa no sólo respira, también se
mueve, palpita, le salen protuberancias y tentáculos,
los fantasmas adquieren contornos visibles, los
esperpentos se alborotan.
— El cuaderno de maya Isabel Allende (via
devioleta)
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